domingo, 9 de junio de 2013

RESPETO AL PRÓJIMO Y DEFENSA DEL MEDIO AMBIENTE QUE DIOS NOS REGALA

RESPETO AL PRÓJIMO Y DEFENSA DEL MEDIO AMBIENTE QUE DIOS NOS REGALA

IGLESIA Y CREACIÓN:
La Iglesia “tiene una responsabilidad respecto a la creación y la debe hacer valer en público”, y poniendo de relieve que al hacerlo, “no sólo debe defender la tierra, el agua y el aire, como dones de la creación que pertenecen a todos, sino que debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo”. Estos desafíos precisamente son los que evidencia en el CELAM. “Como discípulos de Jesús nos sentimos invitados a dar gracias por el don de la creación. En el designio maravilloso de Dios, el hombre y la mujer están llamados a vivir en comunión con Él, en comunión entre ellos y con toda la creación”. Uno de los signos del espíritu cristiano en la vida pública es la defensa y protección del medio ambiente que es una forma de convivencia pacífica y respetuosa con la naturaleza.
La naturaleza es expresión de un proyecto de amor y de verdad. Ella nos precede y nos ha sido dada por Dios como ámbito de vida .Nos habla del creador y de su amor a la humanidad. La naturaleza está a nuestra disposición no como un montón de desechos esparcidos al azar, sino como un don del creador que ha diseñado sus estructuras intrínsecas para que el hombre descubra las orientaciones que se debe seguir para guardarla y cultivarla. Caritas in Veritate N°48.

LA ECOLOGÍA:
Una forma concreta de atentar con la vida del hombre es deteriorar el ambiente en el que vive. Cualquier violencia en el medio ambiente repercutirá tarde o temprano en el hombre. La ecología y el medio ambiente han empujado la admisión que en el uso que realizan las tecnologías en los recursos naturales, conllevan el sometimiento de normas morales. Estamos obligados a evaluar las consecuencias que sobre el medio ambiente y calidad de vida tienen nuestras decisiones, para la generación actual y futuras a las que deberemos transmitir un mundo "habitable".
"En el campo de la ecología se ha de tener presente que los bienes de la tierra han sido creados por Dios para ser sabiamente usados por todos: estos bienes deben ser equitativamente compartidos, según la justicia y la caridad" Compendio Doctrina Social de la Iglesia N°481.

La naturaleza es expresión de un proyecto de amor y de verdad. Ella nos precede y nos ha sido dada por Dios como ámbito de vida. Nos habla del creador y de su amor a la humanidad.
La naturaleza está a nuestra disposición no como un montón de desechos esparcidos al azar, sino como un don del creador que ha diseñado sus estructuras intrínsecas para que el hombre descubra las orientaciones que se debe seguir para guardarla y cultivarla.
Caritas in veritate n° 48.

Uno de los bienes mayores de la humanidad, es la posibilidad de transmitir la vida. El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, varón y mujer para ser fecundos, transmitir vida y dominar el Universo (dignidad humana incomparable y respetada).
La unión entre el hombre y la mujer debe estar impregnada de un amor profundo y santificado por el Sacramento del Matrimonio y tiene como fin la prolongación de la vida, en los hijos. Por ello nuestra misión es salvaguardarla.
       
Los Desafíos urgentes que tiene  la vida humana, son los siguientes:
a)     Aborto
b)    Células estaminales: matar embriones humanos con fines experimentales.
c)     Clonación humana
d)    Cultura de la Muerte: se refiere a una mentalidad, a una manera de ver al ser humano y al mundo, que fomenta la destrucción de la vida humana más débil e inocente por parte de los más fuertes y poderosos, de los que tienen voz y voto. 
e)     Drogas
f)      Eugenesia
g)    Eutanasia
h)    Salud Reproductiva: Reproducirse lo menos posible. Por lo tanto, en estos programas constan todas las formas de mentalización ("los pobres sufren"). En segundo lugar, el término reproducción se aplica a los animales. Los seres humanos procrean.
i)      SIDA

Salud reproductiva, Bajar el índice de mortalidad materna, Planificación familiar, Efecto antinidatorio, Pre-embrión, Anticoncepción post-coito, Interrupción de la gestación, Aborto inducido, Ligadura, Contracepción oral, Métodos de barrera, Hijo no deseado, Producto de la concepción o simplemente "producto", Tejido embrionario, Extracción de la menstruación, Limpieza uterina, Género.
       
La Iglesia inspirándose en la palabra y el mensaje de Cristo, proclama que Él es el “Señor de la Vida” y reclama la defensa de la vida digna para todos. La vida exige una convivencia pacífica, fraternidad, comunión y para ello es necesario el respeto a la vida, a la persona, la igualdad y la justicia.

¿Qué puede hacer un cristiano corriente?
·      Lo primero que cada uno puede y debe hacer para afirmar la vida es vivir con la conciencia de su dignidad, además:
·      Rogando al Señor por los legisladores y dirigentes sociales en general para que sepan comprender que los hijos concebidos y no nacidos son los más inocentes y los más indefensos miembros de nuestra sociedad, y que, como ha dicho repetidamente el Papa Juan Pablo II, nunca se puede legitimar la muerte de un inocente.
·      Acogiendo y ayudando, también económicamente, a quienes, por razón de su maternidad, se encuentran en situaciones difíciles.
·      Recibiendo con alegría al nuevo hijo, incluidos los que puedan complicar la vida o disminuir el bienestar de la familia.
·      Reaccionando positivamente ante escritos públicos o programas audiovisuales que defiendan la vida humana, y críticamente ante los que la atacan.
·      Orientando el voto hacia las alternativas que merezcan más confianza por sus actitudes ante la vida en general, y ante la cuestión del aborto provocado en particular.
·      Informando a quienes nos rodean, con caridad, pero con firmeza y claridad, de la realidad del hijo no nacido y de la importancia de defender su derecho a vivir.
·      Los médicos, en especial los ginecólogos, y otros profesionales sanitarios, empleando los medios técnicos que permiten que una madre vea en una ecografía, con sus propios ojos, al hijo en sus entrañas, moviéndose, nadando, chupándose el dedo.
·      Se ha dicho que si el vientre de las madres fuera transparente, muchos verían la cuestión del aborto provocado de otra manera.
·      Son solo algunos ejemplos que pueden dar idea del enorme campo que un cristiano tiene ante sí en relación con este gravísimo problema.
·      Con el auxilio de Jesús y de su Madre, que lo concibió en su seno, y con el ejemplo de nuestra propia vida será posible trabajar mejor en defensa de este ideal.


domingo, 2 de junio de 2013

RESPETAMOS LA NATURALEZA COMO OBRA DE DIOS

NOSOTROS Y LA CREACIÓN:
 “Como discípulos de Jesús nos sentimos invitados a dar gracias por el don de la creación. En el designio maravilloso de Dios, el hombre y la mujer están llamados a vivir en comunión con Él, en comunión entre ellos y con toda la creación”. Uno de los signos del espíritu cristiano en la vida pública es la defensa y protección del medio ambiente que es una forma de convivencia pacífica y respetuosa con la naturaleza.
La naturaleza es expresión de un proyecto de amor y de verdad. Ella nos precede y nos ha sido dada por Dios como ámbito de vida .Nos habla del creador y de su amor a la humanidad. La naturaleza está a nuestra disposición no como un montón de desechos esparcidos al azar, sino como un don del creador que ha diseñado sus estructuras intrínsecas para que el hombre descubra las orientaciones que se debe seguir para guardarla y cultivarla. Caritas in Veritate N°48.
EL ROL DEL HOMBRE Y SU COMPROMISO CON LA CREACIÓN:
El ser humano es superior a todos los seres creados por Dios; es el único que posee, cuerpo y espíritu. Dios lo hizo a su imagen y semejanza. Es justamente esta parte espiritual que nos distingue de los animales y lo acerca a Dios y hace que seamos sus criaturas más amadas, esto nos hace responsables con las criaturas inferiores y con nosotros mismos.
Debemos ser solidarios con las demás criaturas, porque compartimos con ellas al mismo creador y al igual que ellas estamos ordenados para su gloria. Además gracias a nuestra parte espiritual, somos las únicas criaturas capaces de dar cuenta a Dios de todo lo que nos ha dado, de agradecerle, servirle, y establecer una amistad con Él.
La creación fue dada al hombre para desarrollarla y desarrollarse él mismo, servirse de ella y administrarla con responsabilidad. El hombre mismo es capaz de darle sentido a todo el mundo material, gracias a su inteligencia. Las estrellas, el mar, las plantas, etc. muestran las maravillas del creador. El hombre es cocreador por lo tanto corresponsable del universo.
Creer en la creación quiere decir también esforzarse por hacer mejor el mundo, por perfeccionarlo, mediante el trabajo, el estudio, el cuidado. En efecto el hombre por su inteligencia y su espíritu de decisión, su trabajo, su amor, es custodio o guardián del universo. Necesitamos vivir en constante colaboración con los demás para que juntos obtengamos éxitos que son la alegría de Dios.
LA ECOLOGÍA:

Una forma concreta de atentar con la vida del hombre es deteriorar el ambiente en el que vive. Cualquier violencia en el medio ambiente repercutirá tarde o temprano en el hombre. La ecología y el medio ambiente han empujado la admisión que en el uso que realizan las tecnologías en los recursos naturales, conllevan el sometimiento de normas morales. Estamos obligados a evaluar las consecuencias que sobre el medio ambiente y calidad de vida tienen nuestras decisiones, para la generación actual y futuras a las que deberemos transmitir un mundo "habitable".
"En el campo de la ecología se ha de tener presente que los bienes de la tierra han sido creados por Dios para ser sabiamente usados por todos: estos bienes deben ser equitativamente compartidos, según la justicia y la caridad" Compendio Doctrina Social de la Iglesia N°481.
IGLESIA Y ECOLOGÍA:

La respuesta de la Iglesia ante el tema ecológico, quiere ser evangélica, integra y positiva. No se trata sólo de evitar una catástrofe, sino de dar a la creación entera su propio sentido teológico y evangélico.
Ecología humana y social
Es necesario que exista una especie de ecología del hombre bien entendida. En efecto, la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana: cuando se respeta la “ecología humana” en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia. El Papa Benedicto XVI subrayaba que “además de la ecología de la naturaleza hay una ecología que podemos llamar "humana", y que a su vez requiere una "ecología social". Esto comporta que la humanidad, si tiene verdadero interés por la paz, debe tener también respeto por la naturaleza, y la ecología humana. La experiencia demuestra que toda actitud irrespetuosa con el medio ambiente conlleva daños a la convivencia humana, y viceversa. El Papa Juan Pablo II, escribe: "No sólo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla respetando la intención originaria de que es un bien, según la cual le ha sido dada; incluso el hombre es para sí mismo un don de Dios y, por tanto, debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado”. (…)
Ecología y justicia
Entre las injusticias que destruyen a los pueblos, figuran “la falta del debido respeto a la naturaleza, la explotación desordenada de sus recursos y el deterioro progresivo de la calidad de la vida”. Los efectos negativos de estas injusticias son evidentes: devastaciones causadas en la naturaleza, disminución gradual de la capa de ozono y el consecuente “efecto invernadero”, los gases producidos por la combustión de carburantes fósiles, la deforestación incontrolada, los cambios meteorológicos y atmosféricos cuyos efectos van desde los daños a la salud hasta el posible sumergimiento futuro de las tierras bajas, etc. Por otra parte, “Es injusto que pocos privilegiados sigan acumulando bienes superfluos, despilfarrando los recursos disponibles, cuando una gran multitud de personas vive en condiciones de miseria, en el más bajo nivel de supervivencia. Y es la misma dimensión dramática del desequilibrio ecológico la que nos enseña ahora cómo la avidez y el egoísmo, individual y colectivo, son contrarios al orden de la creación, que implica también la mutua interdependencia”.
Ecología y moral
“Pero el signo más profundo y grave de las implicaciones morales, inherentes a la cuestión ecológica, es la falta de respeto a la vida, como se ve en muchos comportamientos contaminantes”. La crisis ecológica es un problema moral y demuestra cuán profunda es la crisis moral del hombre, pues “la indiferencia o el rechazo de las normas éticas fundamentales lleven al hombre al borde mismo de la autodestrucción”. El Papa Benedicto XVI ha subrayado “que es contrario al verdadero desarrollo considerar la naturaleza como más importante que la persona humana misma. La salvación del hombre no puede venir únicamente de la naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista”. El Génesis (2,15), dice que el Creador confía al hombre el cuidado de la tierra. “De aquí surgen obligaciones muy concretas para cada persona relativas a la ecología. El hombre es cuidador de las criaturas, no dueño. Debe proteger el ambiente natural y el ambiente social y nunca hacer uso de la naturaleza contra su propio bien”.
Ecología y solidaridad

“La cuestión ecológica no debe ser afrontada únicamente en razón de las terribles perspectivas que presagia la degradación ambiental: tal cuestión debe ser, principalmente, una vigorosa motivación para promover una auténtica solidaridad de dimensión mundial”
Esta solidaridad se ha de manifestar especialmente en las relaciones entre países en vías de desarrollo y países altamente industrializados, en mejorar la eficacia energética y al mismo tiempo progresar en la búsqueda de energías alternativas, en la justa redistribución planetaria de los recursos energéticos. La tierra es una “herencia común” que implica un “espíritu ecológico”, nacido de la conciencia de que “sus deberes con la naturaleza y el Creador forman parte de su fe. El compromiso del creyente por un ambiente sano nace directamente de su fe en Dios creador. El respeto por la vida y por la dignidad de la persona humana incluye también el respeto y el cuidado de la creación, que está llamada a unirse al hombre para glorificar a Dios. Reconocer que el pecado contamina y destruye.
Ecología y vida
El Papa Benedicto XVI invoca: “Que la luz y la fuerza de Jesús nos ayuden a respetar la ecología humana, conscientes de que la ecología medioambiental se beneficiará también de ello, ya que el libro de la naturaleza es único e indivisible”. Existe un nexo muy estrecho entre el respeto a la persona y la salvaguardia de la creación. "Los deberes respecto al medio ambiente se derivan de los deberes para con la persona, considerada en sí misma y en su relación con los demás. Si el hombre se degrada, se degrada el entorno en el que vive; si la cultura tiende a un nihilismo, si no teórico, al menos práctico, la naturaleza no podrá menos de pagar las consecuencias”. El Papa Juan Pablo II llamaba la atención sobre el cuidado preferencial que se había de dar a la vida, a toda vida. “El dominio confiado al hombre por el Creador no es un poder absoluto, ni se puede hablar de libertad de "usar y abusar", o de disponer de las cosas como mejor parezca”.
Ecología espiritual
El Papa Benedicto XVI dice: “Lo que el aire es para la vida biológica, lo es el Espíritu Santo para la vida espiritual; y, como existe una contaminación atmosférica que envenena el ambiente y a los seres vivos, también existe una contaminación del corazón y del espíritu, que daña y envenena la existencia espiritual. Así como no conviene acostumbrarse a los venenos del aire y por eso el compromiso ecológico constituye hoy una prioridad, se debería actuar del mismo modo con respecto a lo que corrompe el espíritu. En cambio, parece que nos estamos acostumbrando sin dificultad a muchos productos que circulan en nuestras sociedades contaminando la mente y el corazón, por ejemplo imágenes que enfatizan el placer, la violencia o el desprecio del hombre y de la mujer. También esto es libertad, se dice, sin reconocer que todo eso contamina, intoxica el alma, sobre todo de las nuevas generaciones, y acaba por condicionar su libertad misma. En cambio, la metáfora del viento impetuoso de Pentecostés hace pensar en la necesidad de respirar aire limpio, tanto con los pulmones, el aire físico, como con el corazón, el aire espiritual, el aire saludable del espíritu, que es el amor”.
MINISTROS Y SERVIDORES DE LA CREACIÓN

Esta relación, a la luz de la doctrina sobre Dios Padre, creador del cielo y de la tierra, el hombre ha sido puesto en el centro de la creación como “ministro del Creador”. Se sugieren algunas propuestas:
§ Guardar la norma fundamental del respeto a la vida. Defendiendo la dignidad de la persona como inspiradora de un sano progreso económico, industrial y científico.
§ Tomar conciencia de la importancia de la cuestión ecológica” Ante el extendido deterioro ambiental, no se puede seguir usando los bienes de la tierra como en el pasado, sino que hay que favorecer nuevos programas y e iniciativas a favor de un mejor cuidado de la tierra.
§ Educar el sentido de responsabilidad ecológica. Con nosotros mismos. Con los demás. Con el ambiente. Invertir en educación para formar una amplia y profunda "responsabilidad ecológica", basada en el respeto al hombre y a sus derechos y deberes fundamentales.
§ La primera educadora es la familia. Allí se aprende a respetar al prójimo y amar la naturaleza.
§ Revisión del estilo de vida. En muchas partes del mundo esta misma sociedad “se inclina al hedonismo y al consumismo, pero permanece indiferente a los daños que éstos causan”. La austeridad, la templanza, la autodisciplina y el espíritu de sacrificio deben conformar parte de la vida diaria a fin de que la mayoría no tenga que sufrir las consecuencias negativas de la negligencia de unos pocos”.
§ Principio de interdependencia. Las dimensiones de los problemas ambientales sobrepasan en muchos casos las fronteras de cada Estado. Su solución, pues, no puede hallarse sólo a nivel nacional.
§ Necesidad de soluciones coordinadas. Ante los desafíos, que el mundo debe afrontar, se debe tener una coherente visión moral.
§ Urgencia moral de una nueva solidaridad. Especialmente en las relaciones entre los Países en vías de desarrollo y los Países altamente industrializados.
§ Incluir la cuestión ecológica en el más amplio contexto de la causa de la paz. “debe tener siempre presente la interrelación entre la ecología natural, es decir el respeto por la naturaleza, y la ecología humana. La experiencia demuestra que toda actitud irrespetuosa con el medio ambiente conlleva daños a la convivencia humana, y viceversa”.
§ Derecho a gozar de un ambiente. Cada Estado deba garantizar este derecho en al ámbito de su propio territorio.
§ Obligación moral de contribuir al saneamiento del ambiente. Tanto por razones religiosas, como de responsabilidad ante el bien común, nadie puede eximirse de esta obligación moral.
§ Atender particularmente a los sectores más vulnerables de la sociedad. Creando en el interior de cada Estado un adecuado orden socioeconómico.
§ Afrontar las formas estructurales de pobreza existentes en el mundo. De lo contrario no se logrará el justo equilibrio ecológico.

§ Tener en cuenta el valor estético de la creación. La Biblia habla a menudo de la bondad y de la belleza de la creación, llamada a dar gloria a Dios.

lunes, 27 de mayo de 2013

LOS MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS

Los Mandamientos: Expresión del Amor de Dios

Los Mandamientos son expresiones del amor de Dios, para hacernos hombres libres, que anuncian los principales preceptos de la Ley Natural, valederos para todos los tiempos, lugares y personas. Los Mandamientos son de origen divino, pues fueron dichos por Dios con voz `potente, siendo grabado en piedra por el “dedo de Dios”.
Dios quiso revelar a todos los seres humanos los principios morales más fundamentales para que así todos pudieran conocerlos con mayor facilidad, con firme certeza y sin ningún error. Ese fue el motivo por el que Dios promulgó el Decálogo en el monte Sinaí como manifestación de su amor a los hombres para ayudarles a reconocer los principales preceptos de la vida moral.
Dios nos entrega los Mandamientos que son expresiones de su amor, para señalarnos el camino, para orientar nuestra libertad y asegurar la convivencia comunitaria de los valores humanos y cristianos. Los diez mandamientos pertenecen a la revelación divina. Nos enseña al mismo tiempo la humanidad del hombre. Pone en relieve los derechos esenciales y por tanto indirectamente los derechos fundamentales, inherentes a la naturaleza de la persona humana.

El Decálogo es un todo Orgánico e Indisociable:
Decálogo significa las «diez palabras» que recogen la Ley dada por Dios al pueblo de Israel durante la Alianza hecha por medio de Moisés (Ex 34,28). El Decálogo, al presentar los mandamientos del amor a Dios (los tres primeros) y al prójimo (los otros siete), traza, para el pueblo elegido y para cada uno en particular, el camino de una vida liberada de la esclavitud del pecado.
El Decálogo se comprende a la luz de la Alianza, en la que Dios se revela, dando a conocer su voluntad. Al guardar los Mandamientos, el pueblo expresa su pertenencia a Dios, y responde con gratitud a su iniciativa de amor.
El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la Ley natural. Los cuales son accesibles a la razón, a los preceptos del Decálogo han sido revelados para alcanzar un conocimiento completo y cierto de las exigencias de la Ley natural, la humanidad pecadora necesita de ésta revelación.

Dios le entregó el “Decálogo” a Moisés, esculpo en dos tablas de piedra, diciéndole: “Yo soy el Señor tu Dios, te doy los Mandamientos que has de cumplir”. Cristo es nuestro Salvador, nuestro maestro; por ello vino al mundo y no quito los Mandamientos sino nos enseñó a cumplirlos de forma cabal y sincera con su ejemplo y a la vez nos dio uno nuevo: “Amarás a Dios y al prójimo como a ti mismo”. Nos manifiesta también que comprendamos que solamente no basta creer para salvarse, Él nos dijo: “Si quieres salvarte, cumple los Mandamientos”.
Fiel a la Escritura y siguiendo el ejemplo de Jesús, la Iglesia ha reconocido en el Decálogo una importancia y un significado fundamentales. Los cristianos están obligados a observarlo.
Los Diez Mandamientos constituyen un todo orgánico e indisociable, porque cada mandamiento remite a los demás y a todo el Decálogo. Por tanto, transgredir un mandamiento es como quebrantar toda la Ley, por ello el cristiano debe cumplir todos los Mandamientos.

El Mandamiento Nuevo: Plenitud de los Mandamientos
Los Diez Mandamientos enuncian las exigencias del amor de Dios y del prójimo. Los tres primeros se refieren a Dios y los otros siete al amor al prójimo. Y se resumen en dos: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo”. Por lo siguiente:
§ Quien ama a Dios sobre todas las cosas se entrega de corazón a Él y entra en una confianza de relación personal con el Señor.
§ Quien ama al prójimo como a sí mismo, trabaja infatigablemente por hacer de los hombres una comunidad de hermanos, donde se viva la paz basada en la justicia y en la fraternidad.
Los Mandamientos son leyes o mandatos que Dios ha dado a los hombres, son expresiones de la voluntad de Dios y lo que debemos hacer para ganar la gracia e ir al cielo. Los Mandamientos no son obstáculos para ejercer nuestra “libertad”, sino son la expresión del amor de Dios a los hombres para guiarnos en el camino que nos lleva a la verdadera felicidad; enuncian las exigencias del amor de Dios y del prójimo.
Los Mandamientos no son una carga para los hombres; sino, al contrario, son un don de Dios que nos hace conocer su santa voluntad. Sólo cumpliéndolos nos sentiremos felices aquí en la tierra y eternamente en el cielo.

Analizamos el siguiente cuadro referente a los Mandamientos:

DIOS NOS HABLA
ESTO ES LO QUE QUIERE
TU ACTITUD HOY
1º Amarás a Dios sobre todas las cosas:
Dios quiere ser el centro de nuestra vida personal social, incluyendo toda clase de ídolos, personas y cosas.

2º No tomarás el nombre de Dios en vano:
Dios quiere que no usemos su nombre como pretexto para ir contra los demás, quiere que cumplamos la palabra dada.

3º Santificarás las fiestas:
Dios quiere que expresemos nuestra fe en Él, centro de nuestro ser  y lo celebremos personal y comunitariamente.

4º Honrarás a tu padre y madre:
Dios quiere que respetemos a nuestra familia, nuestro pueblo y nuestra historia, como su heredad, raíz de la dimensión comunitaria histórica.
La historia en el misterio de la Iglesia.

5º No matar:
Dios quiere que respetemos la vida propia y la de los demás, aún de los que nos han nacido su honor, fama, como un don para construir el Reino de Dios.

6º No cometerás actos impuros:
Dios quiere que respetemos nuestra potencialidad sexual y no utilizarla para dominar y poseer al otro.

7º No robarás:
Dios quiere que no nos apeguemos a los bienes materiales y que respetemos los bienes que al otro son necesarios.

8º No dirás falso testimonio, ni mentirás:
Dios quiere que digamos siempre la verdad, aunque, por decirla, suframos las consecuencias.

9º No consentirás pensamientos, ni deseos impuros:
Dios quiere la fidelidad en el matrimonio, el amor y el respeto mutuo.

10º No codiciar los bienes ajenos:
Dios quiere que compartamos lo que tenemos con los necesitados y que no ambiciones más cosas innecesarias.



domingo, 26 de mayo de 2013

RESPUESTA AL PLAN AMOROSO DE DIOS CON LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD

La Libertad, Don y Tarea que Dios nos da:

La libertad es el poder dado por Dios al hombre de obrar o no obrar, de hacer esto o aquello, de ejecutar de este modo por sí mismo acciones deliberadas. La libertad es la característica de los actos propiamente humanos. Cuanto más se hace el bien, más libre se va haciendo también el hombre. La libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios, Bien supremo y Bienaventuranza nuestra. La libertad implica también la posibilidad de elegir entre el bien y el mal. La elección del mal es un abuso de la libertad, que conduce a la esclavitud del pecado.
Sólo un Dios omnipotente pudo crear un ser libre. Sin libertad no hay dignidad de la persona. La libertad hay que entenderla como un don y una tarea. Como un “don”, es ciertamente un don extraordinario que Dios hizo al hombre. 

La Libertad es un acto netamente Humano:
La libertad no es sinónimo de “espontaneidad” (hacer lo que uno siente ganas de hacer) sino es la característica de nuestra voluntad atraída hacia el bien. Dios nos amó tanto que nos creo a su imagen y semejanza, nos “regalo” el mundo y todo lo que está contenido en él. Pero también quiso que viviéramos en comunidad y amor gozando de libertad como lo hace la Santísima Trinidad.




La libertad hace al hombre responsable de sus actos, en la medida en que éstos son voluntarios; aunque tanto la imputabilidad como la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas o incluso anuladas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia soportada, el miedo, los afectos desordenados y los hábitos.
El derecho al ejercicio de la libertad es propio de todo hombre, en cuanto resulta inseparable de su dignidad de persona humana. Este derecho ha de ser siempre respetado, especialmente en el campo moral y religioso, y debe ser civilmente reconocido y tutelado, dentro de los límites del bien común y del justo orden público.
Ante el llamado de Dios a la libertad lo primero que debemos hacer es entender: qué es ser auténticamente libre.
Todo acto se hace con un fin, sino hubiera una intención no actuaríamos. Para que una acción sea buena no basta con que su objeto sea bueno, se requiere además que el fin por el que se actúa sea bueno también. El fin puede influir de diversas maneras en la moralidad de los actos:
El fin bueno puede hacer que la acción buena sea mejor. Por ejemplo: rezar, que es una acción buena, aumenta su valor si se hace para conseguir la conversión de los pecadores – fin bueno.
El fin malo hace mala una acción que podía ser buena. Por ejemplo: dar limosna – objeto bueno – para que me vea la gente y hablen bien de mí – fin malo.
El fin malo aumenta la malicia de una acción mala. Por ejemplo: emborracharse – objeto malo – para luego robar – fin malo.
El fin bueno nunca convierte en buena una acción mala. Por ejemplo: no se debe robar a una persona rica para dárselo a un pobre. Nunca se debe hacer un mal para conseguir un bien.
No basta tener buena intención para actuar rectamente: es necesario que lo que se hace sea moralmente bueno. Sólo así nuestras acciones son moralmente rectas, agradan a Dios y merecen ser premiadas.

Para eso pongamos algunas afirmaciones básicas:
a)    La libertad es un don de Dios que nos ayuda a encontrar la mejor forma de realizarnos como personas.
b)    La libertad no se nos ha dado para autodestruirnos o para hacer el mal.
c)    “El mal es la ausencia de todo bien debido” (Sto. Tomás). Es como un vacío.

La Libertad nos lleva a actuar con Responsabilidad:
La libertad lleva consigo la responsabilidad. Cada uno es responsable ante Dios de lo que hace, independientemente de lo que vea o piense la gente. Uno sabe en conciencia si obra bien o mal, y sabe que Alguien “siempre” lo ve. Por faltar la libertad no se es “responsable”:

*   Si hay ignorancia inculpable: cuando no se sabía que eso estaba mal. Sin embargo hay cosas que se deben saber y sólo por negligencia puede darse su desconocimiento; en este caso si habría culpabilidad.
*   Cuando falta advertencia: por ejemplo cuando se está dormido u otros le han emborrachado.
*   Si falta el consentimiento: por ejemplo porque hay una coacción total.

Hay responsabilidad en los pecados ajenos, en quien colabora a sabiendas en el pecado que comete otra persona actúa mal: comete el mismo pecado que el que peca.

La cooperación al mal ajeno puede ser de dos maneras:
a)  Cooperación formal: se colabora voluntariamente a la mala acción. Por ejemplo, quien ayuda a otro robar. La cooperación formal nunca es lícita, pues equivale a participar en el pecado ajeno.
b)  Cooperación material: se colabora a la acción pero no se quiere el pecado que el otro realiza. Por ejemplo, la señora que está en una sucursal bancaria, entran unos ladrones y la amenazan de muerte para que les ayude a llevar el dinero hasta un coche.
Un caso especial de responsabilidad en los pecados ajenos es el pecado de escándalo. Escándalo es toda acción, palabra u omisión que lleva a otro a pecar. Por ejemplo, incitar al robo o publicar artículos que llevan a pensar mal a  los demás.

domingo, 21 de abril de 2013

LAS DIVERSAS APARICIONES DE JESUS RESUCITADO


Lectura: “La enfermera de la resurrección”


En el más antiguo leprosorio de JAPÓN, encontramos a un anciano Misionero, el Padre Anchen, que vive entre los leprosos hace 52 años. El nos narra la siguiente historia:
HORI, era una niña huérfana. Dos tíos buscaron el pretexto para liberarse de ella. Presentaba una pequeña erupción cutánea, y esto basto para definirla leprosa. HORI fue en cerrada entre los huérfanos. Varios años después, se dieron cuenta de que la niña nunca había tenido lepra; pero HORI, transformada ya en una hermosa muchacha, rechazo la libertad que le fue ofrecida. En el leprosorio se había hecho cristiana y había decidido dedicar su vida al cuidado de los hermanos que sufren. HORI se ha convertido en la mamá de los niños leprosos del “hospital de la Resurrección”. 



¿Qué motivación tuvo HORI a quedarse en el Hospital?



La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, y representa, con la Cruz, una parte esencial del Misterio Pascual. En cuanto al Hijo, él realiza su propia Resurrección en virtud de su poder divino. Jesús anuncia que el Hijo del hombre deberá sufrir mucho, morir y luego resucitar (sentido activo del término). Por otra parte, él afirma explícitamente: "doy mi vida, para recobrarla de nuevo... Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo". "Creemos que Jesús murió y resucitó".
La Resurrección de Cristo es un acontecimiento trascendente porque, además de ser un evento histórico, verificado y atestiguado mediante signos y testimonios, transciende y sobrepasa la historia como misterio de la fe, en cuanto implica la entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios. Por este motivo, Cristo resucitado no se manifestó al mundo, sino a sus discípulos, haciendo de ellos sus testigos ante el pueblo.
La Resurrección de Cristo, produjo varios efectos: primero, confirmó todo lo que Cristo hizo y enseñó, segundo, confirmó también su divinidad, y tercero, nos abrió el ingreso a una vida nueva en amistad con Dios.
La Resurrección de Jesús es garantía de nuestra propia resurrección.

APARICIONES DE JESUS RESUCITADO:
La resurrección corporal de Jesús es un elemento central de la fe cristiana. Al relacionar las apariciones del Cristo resucitado, el Nuevo Testamento no deja resquicio de duda sobre este acontecimiento.

  •    A María Magdalena (Mc 16:9; Jn 20:11-18).
  •    A las otras mujeres (Mt 28:8-10).
  •   A Pedro (Lc 24:34).A los diez discípulos (Lc 24:36-43; Jn 20:19-25).
  •    A los once, incluyendo a Tomás (Mc 6.14; Jn 20:26-29).
  •    Cuando su ascensión (Mc 16:19-20; Lc 24.50-53; Hch 1:4-12).
  •    A los discípulos en el camino de Emaús (Mc 16:12-13; Lc 24:13-35).
  •    En Galilea (Mt 28:16-20; Jn 21:1-24).
  •    A 500 personas (1 Co 15:6).A Santiago y los apóstoles (1 Co 15:7).
  •    A Pablo en el camino de Damasco (Hch 9:1-6; 18:9-10; 22:1-8; 23:11; 26:12-18; 1 Co 15:8).

Las apariciones visibles de Jesucristo, son signos de su presencia invisible.
En los relatos de apariciones del Señor, nos llama la atención el que los discípulos no lo reconozcan de pronto. Por otra parte, comprueban que es El. Esto tiene un profundo sentido. Naturalmente, es ante todo una prueba más de que la imagen del Señor resucitado les viene de la realidad y no es creación de su fantasía. Necesitan tiempo hasta reconocerlo. Pero esto nos hace ver algo aún más profundo que atañe al mismo Jesús, su novedad Jesús no es ya enteramente el mismo. Sus apariciones no significan que Quiera continuar unas semanas más su vida terrena, sino que inicia a sus discípulos y a su Iglesia en una nueva manera de su presencia. El hecho de que súbitamente pueda ser visto en medio de sus discípulos, no significa sólo que puede entrar "con las puertas cerradas", sino que está siempre presente aunque no lo vean. El Señor resucitado es la nueva creación entre nosotros. Las apariciones son indicios tácitos de su presencia permanente.A María en el huerto, a los discípulos en el cenáculo, sobre un monte y a orillas del mar, se le manifiesta en su palabra.
Esto nos llama señaladamente la atención en el relato de Lucas sobre los discípulos de Emaús Se les junta en persona en el camino, pero esto parece no decirles nada. Sin embargo: "¿Verdad que dentro de nosotros ardía nuestro corazón cuando nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?" (Lc. 24,32) En la palabra encontraron al Señor.

Una segunda manera de darse a conocer es un gesto preciso: la "fracción del pan" en Emaús. Que Jesús celebrara entonces la Eucaristía con los discípulos de Emaús o no la celebrara, es punto irrelevante. En ambos casos tenía este gesto el sentido de aludir a la Eucaristía, en que en adelante se daría a conocer. También el pescado y la miel, que Jesús come, alude a ella pues antiguamente se juntaba a la celebración eucarística dicha comida. Son indicaciones de su presencia en la eucaristía. Así pues, al aparecerse visiblemente, ilustró sobresu presencia invisible.
Por lo mismo soplo también sobre sus discípulos y les dio el Espíritu Santo, por el que en lo sucesivo nos uniríamos con El.En las apariciones se habla igualmente del oficio pastoral de Pedro y del perdón de los pecados. Esto todo son modos de la presencia de Jesús.

Jesús encarnó en su vida, y que desde su resurrección se irradia en el mundo a través de los creyentes:
  •   La especial relación y absoluta confianza en el Padre, hecha abandono filial Abba que supera toda servidumbre.
  •   La renovación de la mente y el corazón;
  •   La apertura a la salvación definitiva;
  •   Sobre todo, el dinamismo de la caridad, el amor radical y eficaz "que supera todos los demás dones.